Las tasas de migración han aumentado drásticamente en Chile durante la última década, lo que ha generado un proceso de diversificación en distintos barrios de Santiago. Las personas migrantes suelen estar sujetas a prácticas de discriminación residencial, lo que las obliga a acceder a viviendas precarias, como cités en zonas céntricas, en sectores con crecientes niveles de delincuencia y violencia.
A partir de observación participante realizada en el Barrio Yungay en Santiago y de 24 entrevistas semiestructuradas (incluyendo informantes migrantes considerados “especializados”), este artículo sostiene que las personas migrantes enfrentan la crisis habitacional y el aumento de la inseguridad urbana mediante la puesta en práctica de ejercicios reflexivos y éticos sobre sí mismas. Al hacerlo, buscan constituirse como sujetos-ciudadanos dotados de ciertos atributos éticos, estableciendo fronteras morales con quienes cometen incivilidades o imponen relaciones abusivas (habitacionales) hacia otros migrantes.
Como resultado, las personas migrantes delinean diferencias y similitudes con otros para reclamar su derecho a pertenecer y desplegar formas de ciudadanía cultural e incorporación urbana.



